Un recorrido por los castillos europeos

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Por: Karina Del Ángel

Los clásicos escenarios de cuentos de hadas sin duda alguna son los castillos. Su función fundamental era proteger y defender a la población que vivía bajo la protección del reinado
en turno. Muchos se construyeron entre los siglos X y XIV, y hasta hoy muchos siguen en
pie como testimonio histórico de los acontecimientos que en ese tiempo fueron testigos y
ahora también, algunos, permiten recorridos de ensueño por sus instalaciones.

Castillo de Edimburgo (Escocia)
El Castillo de Edimburgo se asienta sobre un volcán extinto en el centro de la ciudad del mismo nombre. En la actualidad el castillo se encuentra custodiado por la guardia militar escocesa aque viste con sus trajes tradicionales.

Esta imponente construcción ha sido fortaleza militar, palacio real, cuartel y prisión según
las vicisitudes de una historia que se remonta al siglo VI.

Con tres de sus lados protegidos por acantilados, la única vía de acceso es subir por la empinada colina de Castle Hill. Es una maravilla histórica ideal para visitar con niños y descubrir sus rincones únicos como la Capilla de Santa Margarita, que es la edificación más antigua construida en memoria de la madre de David I.

En el recorrido obligado está la exposiciónpermanente los Honores de Escocia que han
sido utilizadas a través de la historia para la coronación de monarcas escoceses, ingleses y
británicos. Podrá apreciar la Corona, la Espada del Estado y el Cetro, que se conservan en
perfecto estado y son las insignias reales más antiguas de las islas británicas.

En la exposición también se puede contemplar la “Piedra del Destino”, un símbolo valioso
para Escocia sobre el que se coronaba a los reyes escoceses. La piedra fue robada por el
rey Eduardo I de Inglaterra en 1296 y permaneció en Londres durante 700 años. Fue en
1996, cuando el preciado símbolo regresó a Escocia. Y por supuesto, para entretenimiento
de todos, no debe perderse la visita a las mazmorras, que es una recreación de las prisiones de guerra donde se muestra cómo mal vivían los prisioneros, con todo y el mal olor característico de esos lugares.

Castillo de Stirling (Escocia)
Otro lugar fascinante para visitar es el Castillo Stirling, también asentado en una colina,
y cuya ubicación le permitía controlar la frontera de las Highlands y las Tierras Bajas. Esta edificación fue testigo de disputas por la independencia, de la coronación de reyes y reinas
y también de ostentosos banquetes.

En este castillo fue la coronación de María Estuardo, María I de Escocia, cuando aún era
un bebé, en 1543, y que justo fue realizada con los “Honores de Escocia”.

Dentro de sus instalaciones podrá apreciar uno de los más grandes tesoros del arte escocés: Las cabezas de Stirling, que son decenas de rostros del rey Jacobo V quien encargó tallar en madera de roble alrededor de 1540 y que representan reyes, nobles, personajes mitológicos, emperadores romanos.

En el techo puede observar replicas de los rostros pintadas en colores vivos. También hay
criptas, mazmorras, jardines y murallas dignas de admirar y que permiten echar a volar la imaginación para recrear la vida del rey Jacobo V.

Castillo de Blarney (Irlanda)
Uno de los castillos más hermosos de Irlanda es el de Blarney. Este castillo data del siglo X
y sus muros eran completamente de madera, los cuales 300 años después fueron sustituidos por piedra, en el año 1210 fue destruido y después en el año 1446, el rey de Munster, Dermot McCarthy lo reconstruyó.

Hoy en esa torre, en lo alto se encuentra la Piedra de la Elocuencia, que es una piedra encajada en el muro de la parte superior de la torre y que se dice que quien la bese obtendrá el don de la elocuencia. Según la leyenda, la piedra de la elocuencia formaba a su vez parte de otra piedra conocida como Piedra del Destino, la cual formaba parte del acto de coronación de los reyes escoceses durante la Edad Media.

La piedra llegó a manos irlandesas porque Robert de Bruce, rey de Escocia se la regaló a
McCarthy, rey de Munster en agradecimiento por participar en la batalla de la Guerra de Independencia escocesa contra los ingleses.

Después de besar la piedra de la Elocuencia, puede dar un recorrido por el lago, el almacén
del hielo, el patio del establo y por supuesto, los jardines donde se embelesará con las cascadas y exuberante vegetación. Ahí puede bajar la escalera de los deseos, que se dice que si la baja de espaldas los deseos que imagine se cumplirán antes de que concluya el año.

Castillo de Carcasonne (Francia)
Otro recorrido imperdible es en el Castillo de Carcasonne, situado cerca de Toulouse al sur
de Francia. El Castillo fue construido por orden de Bernard Aton IV Trencavel hacia el 1130, rediseñado por la realeza francesa 100 años después fue restaurado durante la gran reforma de Viollet-le-Duc.

El castillo colinda con las murallas exteriores de la Ciudadela que funcionaba como una fortaleza defensiva, así lo demuestran sus varias torres de vigilancia. En el interior del castillo podrá admirar una colección de esculturas de la antigüedad y de la Edad Media.

Castillos de Neuschwanstein y Hohenschwangau (Alemania)
El castillo de Neuschwanstein fue construido en 1866 por orden del rey Luis II de Baviera, conocido como el Rey Loco. Se ubica justo en la frontera de Alemania y Austria, alrededor del castillo hay lagos y cumbres espectaculares. A dos kilómetros de distancia se ubica el castillo de Hohenschwangau.

Se dice que Walt Disney se inspiró en la arquitectura de Neuschwanstein para crear los
castillos de sus parques temáticos, que siguen el ejemplo de La Bella Durmiente.

Los castillos pueden visitarse en la famosa Ruta Romántica, que permite visitar el sur
de Baviera, incluyendo Hohenschwangau y Neuschwanstein, varios lagos y unos bosques
de cuento de hadas.

El castillo de Neuschwanstein, también fue declarado Patrimonio de la Humanidad en su
interior cuenta con la sala del Trono que es una lujosa capilla que mandó a construir Luis
II donde estaba ubicado el trono, fue una sala que pretendía mostrar al rey como figura mediadora entre Dios y el hombre.

El castillo de Hohenschwangau, también construido por Luis II, fue edificado después
que Neuschwanstein y fue su residencia de verano oficial. Estuvo habitado por su descendencia hasta acabada la II Guerra Mundial. En este castillo de dos pisos hay 14 habitaciones en las que destacan la Capilla; el Salón del Caballero Cisne (con frescos de Lohengrin), la Sala de Música, donde Wagner tocaba para Luis II; y la Habitación de Authari, donde solía dormir el músico.

Los castillos han guardado tantas historias como las que cuentan sus habitantes, estar entre sus paredes muestran tan sólo una mirada de aquella época de esplendor arquitectónico, pero basta platicar con los habitantes para complementar las leyendas de los libros.

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