El Buen Vivir

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Por: Mariangel Coghlan, esposa y madre de cuatro, es una arquitecta convencida de que “la belleza salvará al mundo”. Actualmente dirige la firma de diseño MARIANGEL COGHLAN

Hablar de vivir bien, está de moda. Cada día es más frecuente pensar en el bienestar, considerar lo que es mejor para cada persona y plantearnos la mejor manera de poder disfrutar más de la vida.

Existen distintas concepciones de lo que es vivir bien y en esta ocasión me interesa enfocarme en lo que está a nuestro alcance para mejorar nuestra calidad de vida.  El Buen Vivir redefine la idea del bienestar en un sentido más amplio, considerando importantes aspectos como la espiritualidad, los sentimientos y las emociones. La idea central es, más bien, construir una buena vida a partir del contexto particular, ambiental, histórico, económico y cultural de cada persona.

En ocasiones se piensa que solamente es posible alcanzar esta meta cuando se tiene un poder adquisitivo alto, sin embargo esta idea es completamente inexacta porque vivir bien no tiene nada que ver con la cantidad de posesiones que cada uno tenga. Vivir bien está más relacionado a la capacidad de disfrutar de nuestras circunstancias particulares y de ponerle atención al momento presente. Tiene que ver con encontrar la felicidad y saborearla cada día.

Según Aristóteles, la felicidad es aquello a lo que aspiran los humanos sin excepción: bien definitivo y fin supremo de la vida. Teniendo esto como punto de partida tendríamos que enfocarnos en  considerar lo que verdaderamente nos hace felices. La vida feliz se asocia a acciones “realizadas durante una vida entera y completa”. Ser dichoso es, en suma, sinónimo de obrar bien –éticamente– según explicaba el filósofo.

Teniendo claro que el bienestar no está definido por la capacidad adquisitiva ni por la posesión de objetos lujosos, podremos ser conscientes de que para tener una vida plena es necesario reconocer quiénes somos y cuáles son nuestras circunstancias particulares. Citando a mi querida psiquiatra Marian Rojas: “la felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa”, y a partir de ahí consideremos que depende de nosotros mismos, y de nadie más, la forma de transcurrir por esta vida.

Me parece muy interesante el Índice del Planeta Feliz (Happy Planet Index), creado por la organización británica The New Economics Foundation, que se construye a través de tres indicadores: esperanza de vida al nacer, satisfacción con la vida (bienestar subjetivo) y la huella ecológica. El Índice del Planeta Feliz trata de identificar cómo la dotación y el consumo de los recursos naturales interviene en el bienestar de las personas. Una de sus más destacadas conclusiones es que no necesariamente el país con mayor tendencia al consumo, es el que presenta mayor bienestar social, también expone que se puede tener altos niveles de bienestar subjetivo sin consumos excesivos.

Analizar estos datos nos da pistas de lo que realmente es importante: la calidad de nuestras relaciones, la capacidad de gozar de nuestro quehacer profesional, la empatía que generamos con los que nos rodean, y desde luego el amor, clave fundamental del buen vivir.

Otro punto importante es vivir en un entorno que nos haga sonreír, que nos permita disfrutar, que colabore a mejorar nuestras disposiciones diarias. Está comprobado que poner atención a ese espacio que llamamos “hogar” y dedicarle recursos, de tiempo, cariño y esfuerzo es una de las mejores inversiones que podemos hacer en la vida y que, en definitiva, contribuyen al buen vivir.

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